Ayer olvidé mis audífonos en casa. Siempre viajo con ellos porque evita que la gente te hable en la calle mientras caminas o estás en la micro. Y justamente el día en que se me quedan, un viejo, sentado junto a mí en la micro, comienza a contarme para donde iba y desde donde venía. Con todos los detalles posibles.
Aproveché un frenazo de la micro para tomarlo de la nuca y empujarle la cabeza hacia adelante. Supongo que el esfenoides se partió y trituró su cerebro, ya que algunos sesos salieron por su boca.
Lo apoyé en la ventana y esperé por mi bajada.
Esfenoides
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