Medidor de Agua

| 8.25.2008

Estaba de visita en la casa de mi madre. Suena el timbre, veo un chorro de agua gigante saliendo de donde estaba el medidor de agua y un vecino nos avisa que un tipo acababa de robarlo, que había salido corriendo por una calle recién. Mi hermano se encarga de cerrar la llave y mi madre de llamar a la policía y la compañía de agua. Yo salí persiguiendo al tipo. Conozco el barrio de memoria, viví 15 años aquí, sabía como ubicarlo. Tres cuadras más allá lo encuentro, venía de frente a mi corriendo con el medidor en sus brazos. Yo me hice el tonto y empecé a caminar. Pero cuando pasó al lado mío puse el pie y él cayó de boca en el pavimento. Debe haber perdido por lo menos 3 dientes. Mientras estaba medio atontado por la caída, agarré una piedra grande y empecé a reventarle uno a uno los dedos de la mano y cada tanto lo golpeaba en la cabeza para mantenerlo atontado.
Luego de dejarlo sin dedos, empecé a enterrarle los ojos hacia adentro. Fue hermoso ver como se le reventaban. El imbécil no sabía que hacer, no atinaba a nada.
Escuché que venía la patrulla policial, así que me apuré y le rompí el cráneo con una piedra, nuevamente fue hermoso, verlo convulsionar en el suelo será algo que trataré de no olvidar.
Corrí unas cuadras más allá y volví a la casa. La policía ya estaba ahí entregando el medidor de regreso. No dijeron mucho sobre como lo habían encontrado.
Durante la tarde vinieron de la compañía a arreglar todo.

Hacía tiempo que no disfrutaba tanto un fin de semana familiar.