Almohada

| 9.22.2008

Recuerdo que cuando era pequeño tenía un vecino que me despertaba siempre los fines de semana. Siempre tenía algo que arreglar, martillaba y taladraba toda la mañana, desde muy temprano.
Una noche de sábado, aprovechando que podía pasarme a su patio con mucha facilidad, entré a su casa. Busqué su pieza y lo encontré durmiendo en su cama. Tomé una almohada y se la puse en la cara. Para hacer presión, me subí encima de él. Aleteó mucho, como por 40 segundos. Después de un rato se detuvo, así que me fui a mi cama.
Ese domingo dormí hasta muy tarde.