Mientras me hablaba desde el otro lado de la mesa, en mi mente recorría las innumerables formas de sufrimiento preparadas especialmente para ella. Se lo merecía.
Me pregunta si tengo pareja, le dije que no. Le devolví la pregunta y me dice que recién estaba saliendo de una relación. La relación por la que me dejó a mí hace mucho.
La mesera se apareció para servirnos más café, pedimos otra taza más. Ella me contó todo de su vida. A cada momento descubría un nuevo detalle que me ayudaría en mi plan final. Era delicioso el momento.
Ya era de noche, me pidió que la acompañara a su casa porque tenía que pasar por calles solitarias. Una pequeña sonrisa se dibujó en mi cara, casi imperceptible.
La acompañé.
Hoy no la mataré, mañana quizás.
Ella IV
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