La Rueda

| 9.04.2008

En la fila del Transantiago siempre hay una señora que se pone detrás mío y de a poco avanza hasta estar al lado mío. Me apesta, es como si se quisiera subir antes que yo, no entiende el concepto de fila, es una persona detrás de otra. Pero no, ella insiste en ponerse al lado.
Afortunadamente queda muy al borde de la vereda, lista para un empujoncito. Esperé a que pasara una micro rápido. Un solo toque la dejó en el suelo. La micro frenó, pero era tarde. Bueno, yo lo encontré preciso. La micro frenó y la rueda quedó encima de la señora. La micro siguió avanzando un poco más, pero la rueda ya estaba trabada, aplastando y esparciendo intestinos, piel y sangre por toda la calle.
La gente se quedó viendo el morboso espectáculo. Yo aproveché de subirme a la micro, ya no había fila.