Postes

| 1.12.2009

Iba tranquilo en mi auto de vuelta a casa después de un día de trabajo. Era tarde y habían pocos autos en la calle, casi todos estaban de vacaciones. En mi ruta tengo que pasar por varios sectores de la ciudad, algunos buenos y otros bien malos.
Llegaba a un semáforo cuando siento que rompen el vidrio de la puerta del pasajero y veo que un tipo se asoma y trata de tomar mi maletín.
Sabía que algún día podía pasar eso, así que siempre lo llevaba enganchado al asiento. No era llegar y tomarlo. Mientras forcejeaba por sacar mi maletín del asiento, agarré al tipo de las manos y empecé a acelerar. Una mano al volante y la otra afirmando al ladrón de mierda. Nunca se lo esperó. Me gritaba que lo soltara y me insultaba. Yo aceleraba más y más aprovechando las calles vacías de la noche.
Cuando ya llevaba una buena velocidad me acerqué a los postes, ahí empezó a gritar como condenado y me pedía que parara. Chocó con el primer poste y se le fracturó una pierna. Flameaba como una bandera al viento. Pasé por dos postes más y me quedé sólo con su brazo en el auto. Me devolví al lugar donde quedó tirado. Le faltaba una pierna también y aún respiraba, pero con dificultad. Agarré el brazo que había quedado en mi auto y lo empecé a golpear en la cabeza hasta que su mandíbula salió volando. Ya no respiraba... ni tampoco hablaba.