Metro

| 2.24.2009

No sé por qué me asombró. Debería haberlo imaginado. Aún no aprenden a dejar bajar antes de subir y no lo aprenderán jamás. La masa es tonta.
Venía saliendo del vagón del metro, no era hora punta, así que las estaciones estaban casi vacías. Solo habían pocas personas en los andenes. Pero un imbécil no me dejó bajar. Se colocó justo delante de la puerta entorpeciendo mi salida. "Deje bajar antes de subir" le dije antes de empujarlo para hacerme camino. Avancé y por la espalda me lanza un puntapié. Hacía tiempo que no me golpeaban y la última persona que me golpeó no lo volverá a hacer nunca más. Me di vuelta y le pregunté qué le pasaba. Me insultó de vuelta. Trató de lanzarme un manotazo pero lo esquivé y le tome la mano. Salió del carro para hacerme frente. Le torcí el brazo y lo empujé al suelo. Las puertas se cerraron y presioné uno de sus pies en el espacio que queda entre el vagón y el andén y pasó hacia abajo. Del tobillo hacia el pie estaba bajo el andén. Quedó enganchado. Le tapé la boca mientras el tren empezaba a avanzar. Su pie empezó a girar y a enrollarse. La pierna daba vueltas y vueltas hasta que se le zafó de la cadera, desgarrando sus músculos y piel. El tipo sudaba y la expresión de su cara era inefable.
Ya cuando el tren salía de la estación, lo empujé a la línea, justo en unos rincones al lado de los rieles. Creo que lo descubrieron después de que unos dos o tres trenes más pasaron.
Él aprendió que tenía que dejar bajar antes de subir, desgraciadamente no lo pudo poner nunca en práctica.